LA PROMESA AVANCE: Pía revela que Leocadia mató a Jana justo antes de que Curro se vaya
Todo se ha estado gestando en silencio durante semanas en La Promesa, un silencio denso, casi asfixiante, que ha convertido cada palabra en una posible trampa y cada mirada en una mentira cuidadosamente construida. Y en el centro de todo, Pía. Pía lo sabe. Pía lo sabe absolutamente todo: quién acabó con la vida de Jana Expósito, cómo ocurrió, y lo más insoportable de todo, quién sigue caminando libre por el palacio como si nada hubiera pasado.
Esa mujer es Leocadia.
Leocadia sigue moviéndose entre los salones con total impunidad, interviniendo en asuntos ajenos, manipulando decisiones y manteniendo su imagen intacta ante todos, mientras la verdad permanece enterrada bajo capas de silencio. Pía ha tardado semanas en encajar todas las piezas: documentos, fechas, contradicciones, pequeños detalles que, unidos, revelan un crimen que nadie quiere mirar de frente. Pero una vez que lo comprende, ya no hay vuelta atrás.
Sin embargo, no es fácil hablar. No es fácil acusar. Porque en ese palacio, decir la verdad puede ser tan peligroso como el propio crimen.
El detonante llega con una noticia inesperada: Curro recibe un telegrama de la Corona. Es convocado en Madrid para tratar asuntos de su restitución nobiliaria. El anuncio sacude La Promesa como una tormenta silenciosa. Alonso lo ve como una oportunidad de redención para el linaje. Otros, como Lorenzo, desconfían. Y Leocadia… Leocadia observa, calcula, sonríe con frialdad, sabiendo que cualquier movimiento de la Corona puede convertirse en arma o sentencia.
Pero su verdadero plan no va dirigido contra Curro directamente. Esta vez el objetivo es Ángela. Con palabras suaves, medidas, casi afectuosas, Leocadia siembra en ella una duda venenosa, lo suficientemente pequeña como para parecer insignificante, pero lo bastante profunda como para empezar a erosionarlo todo desde dentro. No es una amenaza abierta, es algo peor: una sospecha disfrazada de preocupación.
Mientras tanto, Pía vive al límite. Ha retomado una relación tensa con Curro, llena de silencios y verdades a medias. Ambos saben que algo pesa entre ellos, algo que ninguno se atreve a nombrar todavía. Pero el secreto de Pía es cada vez más insoportable: Leocadia es la responsable de la muerte de Jana.
Y entonces ocurre otra injusticia más. Cristóbal la acusa públicamente de negligencia por un accidente ocurrido en las escaleras, culpándola sin pruebas. Pía queda expuesta, debilitada, aislada, con el peso de una culpa que no es solo suya, sino también la que no puede confesar.
Mientras el palacio sigue convulsionado por conspiraciones, heridas y traiciones, Curro finalmente se prepara para partir hacia Madrid. El carruaje está listo. El destino parece decidido.
Y es ahí cuando todo estalla.
Algo en Pía se rompe. El miedo, el silencio, la espera. Todo. Corre por los pasillos del palacio como si el propio edificio la empujara hacia adelante, atravesando recuerdos, culpa y años de verdades tragadas. No hay cálculo, no hay estrategia: solo urgencia.
Curro no responde. No puede. La frase no entra como información, entra como un golpe directo que destruye todo lo que creía cierto. La muerte que había asumido como destino se revela como asesinato. Y la autora sigue dentro del palacio, respirando el mismo aire que ellos.
En ese instante, nada vuelve a ser igual.
Curro ahora sabe la verdad. Y Leocadia todavía no sabe que él la sabe.
La Promesa ya no es un lugar seguro. Es un tablero abierto donde la justicia, por fin, ha empezado a moverse… aunque haya llegado demasiado tarde para Jana.
